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El cierre del servicio de intercambio de archivos por descarga más grande, Megauplod, por parte del FBI quién acusa piratería a sus creadores, abre una vez más el debate sobre los límites de la privado y lo público.
Sí, porque el debate pareciese ser nuevo, debido a los sorpresivos ataques cibernéticos a portales de grandes empresas como respuesta a lo anterior, algo antes nunca visto, sin embargo, nadie podría negar que desde la llegada de Internet y su masificación a mediados de los años 90, el concepto de propiedad intelectual ha perdido peso o al menos, está cambiando ¿Bueno o malo?
Llevamos más de una década compartiendo música, videos y libros a través de nuestros computadores y sin pagar por ello, pero la nula existencia de marcos reguladores en este sentido desde el debut de Internet, hace muy difícil que hoy las personas acepten normas tan duras y sanciones como las propuestas en la ley SOPA.
Probablemente muchos escritores, directores y otros creadores de productos culturales podrían defender este excesivo control. Sin embargo, otros menos conservadores (o más visionarios) ya buscan nuevas formas de hacer rentables sus producciones y a la vez la promocionan de manera más eficaz, rápida y económica (muchos artistas musicales suben sus discos completos a la red y se dedican a hacer más y mejores conciertos en vivo, por ejemplo)
Entonces la pregunta en la discusión sobre el control al intercambio de información por Internet es ¿esto es bueno para quienes y malo para quienes? Lo evidente es que el usuario de Internet común y corriente (digamos, el que no es dueño de una gran compañía discográfica o editorial) será el más afectado ya que verá restringido el acceso a un sin número de productos digitales a los que antes no tenía restricción alguna. ¿Quién es este usuario de Internet común y corriente? Tal vez el 90% (si no es más) de las personas que tienen acceso a la web. Y, ¿quién se beneficia de leyes como SOPA? Un pequeño porcentaje de personas que corresponde a los dueños de grandes compañías quienes están preocupados porque sus balances financieros sigan arrojando menores utilidades debido a la caída, producto de Internet, de sus oligopolios culturales.
Internet y otras tecnologías de información y comunicación como teléfonos móviles, desempeñan hoy un papel muy importante en la vida de las sociedades. Estas tecnologías constituyen hoy un potencial fundamental para facilitar el acceso a la información y contribuir a la adquisición de conocimientos, la promoción del diálogo, el entendimiento y la participación de la ciudadanía a través de las redes sociales.
Es por esto que la UNESCO, organismo que vela por la paz y la democracia a través de la educación y la difusión de la información para el desarrollo sostenible de la humanidad, ha entrado en el debate y ha dejado ver sus intenciones de proponer Internet como Patrimonio de la Humanidad y de esta manera protegerlo para el uso de la gran mayoría de las personas y cumplir así su misión de “fomentar el conocimiento y la comprensión mutuos de las naciones y facilitar la libre circulación de las ideas por medio de la palabra y de la imagen”.
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